¿Te hago feliz?

Y llega un punto en que pienso en ti… En mí… En nosotros… y me preguntó: ¿Te hago feliz?

Después de pensarlo y de barajar las posibles respuestas a la gran pregunta llego a una conclusión, lo tengo claro: espero que tu respuesta sea… NO.

No, no quiero ser yo quien te haga feliz. Pero si, hacerte sonreír cuando pienses en mí. Me gustaría que eligieras gastar parte de tu tiempo conmigo. Sería perfecto que verme fuese el gran momento de tu semana, pero… No espero ser yo quien te haga feliz.

Porque la única persona que debe hacerte feliz eres tú. Tú y tus decisiones. Tú y tus prioridades. Y donde quizá, con un poco de suerte, durante algún tiempo, me encuentre yo siendo parte de aquello que te hace bien, que eliges entre otras cosas, que mejora lo que ya tienes y que completa lo que para tí es importante.

Y es que no hablamos de dependencia, de urgencia, de imprescindibles… La amistad, las relaciones sanas, no son así… Son opciones, son relajadas y pacientes, son comprensivas y son mutuas y complementarias.

Así que no… Yo no quiero hacerte feliz. Prefiero mil veces que seas feliz por ti y lo compartas sólo un poco conmigo con cosas simples como una llamada, una cerveza, una cena o toda una eternidad en el fin del mundo…

Así funciona bien, cuando no se tensa la cuerda por ninguno se sus extremos pero a la vez sigue uniendo. Teniendo la confianza de que está bien, porque yo estoy bien. Sin tener que justificar lo que sentimos, porque simplemente es así. Siendo quienes somos sin pretender nada más que vivir un día más teniendo algo nuevo y genial que recordar.

Y mientras continúe de esta manera, tú feliz y yo feliz compartiéndolo, seguro que será extraordinario.