Estaba dormido, latente, había conseguido enterrarlo bajo tantos años de otros recuerdos, sentimientos e ilusiones.
Y tú, con solo unas palabras escritas en un breve mensaje, has provocado que despierte.
Ha despertado esa ilusión irracional de poder llegar a abrazar lo desconocido e idealizado por la inexperiencia e ignorancia de aquella juventud.
Porque significas lo imposible, el mayor de los sueños que fue la ilusión de aquella casi niña que jugaba a ser mayor. Y así era hasta leer tus palabras.
Palabras que leo y releo intentando darles otro sentido para que no me lleven de nuevo a aquello que no fue, aquello que tenía asumido y que nunca pensé volvería a despertar.
Y ahora ha despertado. Lo has despertado. Me has despertado esa joven inocente con el sueño de ese amor imposible que negaba lo evidente solo por mantener la ilusión, la remota posibilidad de alcanzar lo inalcanzable, hacer posible lo imposible.
Hoy despiertan esos recuerdos, esa posibilidad de ideal, de perfección. Pero ya no está esa niña, ahora ya no es inocente, aunque esas palabras la hacen volver. Y me veo fantaseando de nuevo, montando la más bonita historia nunca antes contada en mi cabeza, y me sorprendo, quedo perpleja ante la fuerza de aquel olvidado recuerdo por el que me dejo llevar, y vuelvo a soñar contigo como si volviéramos a ser aquellos que conocimos y de los que hoy no sabemos cuánto queda.
Y releo tus palabras. Y mientras no tengo más, la irracional ilusión se despierta en mi mente como si nunca se hubiese dormido. Ilusiones que durante muchos años desaparecieron y hoy me vuelven a invadir revolucionando mi realidad racional.
Despierta un recuerdo, una ilusión, un sentimiento olvidado de sueños incumplidos con nuevas esperanzas de llegar a ser.
