Cuando todo está en calma, sosiego, estabilidad que casi aburre, rutina… ¡Aire fresco!
Y abro las ventanas de par en par para que ese aire lo invada todo y renueva, mueve, cambia… Cambia mi forma de mirar, de percibir lo que hasta ahora era, porque ahora tiene otro color.
Un color fresco, como ese aire. Fresco y nuevo… Y también interesante, atractivo, seductor y cautivador. Y despierta toda mi curiosidad.
Aire fresco que siento en mi piel, en mi pelo, cuando lo respiro… Aire fresco que me despierta nuevas ganas de hacer, de aprender, de buscar y de encontrar. Encontrar un nuevo rincón en el que descubrir otra parte de mi que hasta ahora era desconocido.
Porque con el aire nuevo y fresco algo en mi se despierta, y yo también me convierto en alguien nueva y más fresca que nunca, como si mis sentidos captasen el mundo por primera vez. Y es que, ahora en cierto modo, estoy en un mundo nuevo, porque ahora el aire fresco todo lo ha invadido.
Aire fresco e inesperado: llegó por sorpresa y eso aumenta mi fascinación y admiración. Aire fresco y misterioso: con un montón de matices y aromas que me atraen con gran magnetismo. Aire fresco y encantador: me transmite tantas cosas increíbles que necesito respirarlo para seguir disfrutando de su magia.
Y doy grandes bocanadas de este aire fresco, antes de que se enrarezca, pero pensando que eso no sucederá, que siempre será así de fresco y de embriagador, porque me gusta, me encanta y dejo que lo haga.
