Lo que tú me das

Me cansé. Durante un tiempo lo hice, pero ya no. Porque dolía. Porque me hacía sentir pequeña y me desesperaba al buscar una explicación que no entraba porque tú no me la dabas.

Y no tenías por qué hacerlo. Yo no te lo pedía. Pero lo deseaba. Deseaba esa explicación, ese esfuerzo esas palabras, esos momentos…

Y ansiaba que tu esperases lo mismo, quisieras lo mismo, estuvieras dispuesto a lo mismo… Y no era así. Por eso me cansé.

Me cansé de dar sin recibir lo mismo a cambio, sin que nunca llegara. Consciente de que no podía exigirlo, pero con la ilusión de que pasara.

Ahora he aprendido y he aceptado que esto es lo que tú me das. Y esta bien. Porque ahora yo te doy lo mismo.

Durante un tiempo esperé que poco a poco llegarás a darme lo mismo que yo estaba dispuesta a darte a ti, pero ese día nunca llegó, ni llegará. Porque no es el momento, porque hay otras prioridades o, simplemente, porque no quieres. Así que… He sido yo la que se ha puesto a tu altura. He bajado hasta un mismo nivel de compromiso, de esfuerzo, de conveniencia… Y está bien. Estoy bien.

Quizá algún día esto cambie, pero tendrá que ser por lo que tú me das. No esperes que sea yo la que vuelva a dar sin medida, a aferrarse a esa ilusión, ya no.

Ahora tengo claro que te doy lo que tú me das, sin esperar ni pretender que mañana sea más. Es la única forma de que no duela y pueda disfrutar de tí, de mí y de todo eso que nos damos.

Porque esto también es bonito, también me recompensa y quiero que continúe, pero así, fácil, sin sacrificio, sin dolor. Y si algún día me das algo más quizá yo entonces este dispuesta a dar lo mismo a cambio, o quizá ya no.