Hay tanta calma que no encuentro las palabras.
Las prisas han frenado. La inquietud ha desaparecido. Ya no existen las urgencias y las preocupaciones ya no tienen importancia.
El aire huele diferente cada día, los colores brillan más que nunca y el tiempo lleva otro ritmo.
Cada minuto es efectivo, hasta las horas sin hacer nada saben a bien aprovechadas. No hay en qué pensar, ni sobre qué reflexionar, porque todas las respuestas están ahí, esperando tranquilas hasta revelarse. No hay incógnitas ni secretos que necesiten resolverse de inmediato, todo llegará a su hora.
Por eso siento un profundo sosiego que me lleva a no tener sobre lo qué escribir, pero si mucho que dar y recibir.
Dar y recibir palabras, gestos, caricias e instantes. Dar y recibir el tiempo, disfrutarlo mientras pasa, durante la espera y después, recordándolo.
Con sosiego descubro un nuevo lugar. Un sitio desconocido, pero que me hace sentir como en casa. Absoluta calma, mientras todo es todavía un misterio. Sensaciones contrapuestas pero que me atrapan. Me atrapas.
Entre esperas breves y momentos eternos, descubrimos otra forma de percibir en una nueva realidad que nos embauca con su sosiego.
Con sosiego, calma y toda la tranquilidad espero más. Con sosiego, calma y toda la tranquilidad te espero.
