Roto

Fue al mismo tiempo que pronuciaste aquellas simples palabras: «Nada que hacer».

Simples y terrorificas palabras. Las que nadie quiere escuchar y menos en ese momento, nunca saliendo de tu boca. Y al mismo tiempo que las decías y yo las escuchabas… me quedé totalmente roto.

Porque cuando la más mínima esperanza desaparece, cuando ya no hay ninguna opción y solo se dibuja un escenario como posible, todo lo demás deja de existir. El mundo se para, se rompe. Porque todo lo que hasta hoy tenía sentido, deja de tenerlo. Todo lo que hasta ahora era importante, ya no importa absolutamente nada. Todo lo vivido hasta aquí, parece absurdo.

Y me quedo roto. Roto por no poder hacer nada. Roto por no saber como afrontarlo. Roto por no saber qué será de mi. Roto por no tener fuerzas para seguir. Roto.

Y abro los ojos y te veo, y sonries. Tú no pareces estar roto, y sin querer me dices con tu mirada: «Aún estamos aqui, todavía se pueden hacer cosas. Hoy aún tenemos fuerzas. Hoy sabemos qué queremos. Hoy podemos mirarnos, abrazarnos y tenemos tiempo para decirnos todas esas cosas. Hoy incluso es momento crear nuevos recuerdos alegres, divertidos, entrañables… que nos ayuden más adelante«.

Por eso me recompongo por momentos. Consigo coger todos mis trozos y coloarlos en su lugar para sacar una risa, ir a ese lugar que me gusta,  tomarme esa cerveza con esos que me hacen olvidar… y sobre todo, pensar en ti.

Quiero estar contigo, a tu lado, escucharte, hablarte, darte abrazos y olerte bien profundo. Porque al igual que me has roto, vas a ser tú quien pegue mis pedazos. Porque ahora eres quien me lo quita todo, pero se que me seguirás dando mucho, como lo has hecho siempre hasta ahora.

Por ti estoy roto y por ti uniré de nuevo los pedazos. Hoy tú me has roto y mañana tú me salvarás de nuevo.

1 comentario

Los comentarios están cerrados.