Y entonces pasa… Un momento mágico que no dura mucho tiempo, solo unos minutos, pero hace que horas, incluso días, merezcan realmente la pena.
Porque es durante ese momento cuando conectas con lo absurdo junto con los de tu alrededor en una conversación loca de sueños imposibles pero tan divertidos…
Cada cual aporta un detalle todavía más disparatado que desatan las carcajadas hasta llegar a llorar de la risa, sin poder dejar de imaginar todo aquello tan desternillante que roza el drama.
Y no quieres que termine, quieres seguir riendo sin poder parar hasta que te duela la tripa y las lagrimas no te dejen ver, porque en ese momento no hay nada más, todo lo ocupa ese momento loco que le da sentido a todo.
Y cuando parece que ha pasado, que la cosa se calma… Hay alguien que vuelve a retomarlo de la forma más inimaginable posible, como si dejar de reír significara dejar de vivir.
Y en cierto modo, en eso consiste, ¿No? En no dejar de reír siempre que la vida que nos ha tocado vivir nos deja. Y así, carcajada tras carcajada, de absurdo en absurdo, nos divertimos y nos olvidamos de nuestras penas y dramas que no se van, pero por unos momentos se quedan detrás de todo eso que llamamos amistad.

❤️❤️
Me gustaLe gusta a 1 persona