No es rebeldía. No es provocación. No es valentía. Es la evidencia del fuerte arraigo de una creencia absurda en lo consciente y lo inconsciente de una sociedad que cree ser libre.
Porque somos seres sociales, culturales y, también, individuales. Y negar que estamos llenos de prejuicios, adoctrinamiento y creencias impuestas, es mentir. Pero afirmar que somos librepensadores, abiertos y tolerantes, también.
Y todo se demuestra y se resume en el momento en el que Eva hizo lo que mejor sabe hacer de la forma que decidió hacerlo.
No sé si es porque pertenecemos a una sociedad occidental, católica, del primer mundo… Pero si hay algo que sé, y es que Eva nos ha hecho posicionarnos, como poco pensarlo, dudar…
Vemos un cuadro pintado en el siglo XVIII de una señora sin ropa, y es una maravilla, una obra de arte. Oímos una canción en la que su autora decide ponerle toda la emoción mostrando su cuerpo en 2023 y es, como poco, una provocación.
En algún momento, a alguien se le ocurrió pensar que el pecho femenino era algo a esconder, por ser provocador para otros y una deshonra para una misma. Y esa idea, durante siglos se ha mantenido en nuestras conciencias individuales y colectivas hasta hoy.
Hemos roto con otras creencias impuestas a lo largo de los siglos, pero esta por ejemplo, tan simple, tan sencilla, tan ridícula… Siguen haciendo que nos planteemos lo más básico de nuestra moralidad.
Y es que las tetas de Eva, y las de todas, están absolutamente sexualizados por siglos de represión y de patéticas creencias de esta sociedad que creemos avanzada y libre, consiguiendo todo lo contrario.
Personalmente me emocionan las tetas de Eva. Creo que ha conseguido, como poco, que las dudas sean otras, que el planteamiento sea diferente. Y pese a que ella lo tuvo que vivir con los nervios absolutamente desbocados, consiguió, además de todo lo anterior, una de las actuaciones más intensas, más directas y más coherentes que se han visto en mucho tiempo.
Solo puedo dar las gracias a Eva y a sus tetas.
